jueves, 23 de julio de 2015

DIETA ADECUADA

¿QUÉ ES UNA DIETA ADECUADA?
Es difícil definir una dieta adecuada o saludable, ya  son muchas las dietas o combinaciones de alimentos que pueden considerarse con este calificativo. Una dieta equilibrada, se considera la que proporciona la energía y todos los nutrientes esenciales para satisfacer los requerimientos nutricionales de la persona a la que va destinada, evitando las deficiencias y los excesos. 

La dieta equilibrada puede conseguirse eligiendo una variedad de alimentos que incluya los de diferentes grupos: cereales, frutas, hortalizas, aceites, lácteos, carnes, pescados, huevos, azúcares, y otros, ya que los nutrientes se encuentran amplia y heterogéneamente distribuidos en los diferentes alimentos y pueden obtenerse a partir de numerosas combinaciones de los mismos.
Además,  debe existir un balance entre los alimentos, de manera que el consumo excesivo de uno no desplace a otro también necesario.
Hay que señalar aquí que hay que cuidar los defectos y los excesos. Comer poco no significa comer bien. Es decir, comer cantidades muy pequeñas, no permite seguir una dieta adecuada; así dietas con muy bajo contenido energético no aportan cantidades suficientes de minerales y vitaminas.
Por el contario, la moderación en las cantidades consumidas es fundamental para mantener un peso adecuado y así evitar la obesidad. Hay que aprender a disfrutar comiendo con moderación todos los alimentos. Por lo tanto, hay que recordar que tan importante es lo que se come como lo que se deja de comer.
La dieta debe ser sana, es decir,  todos los alimentos de la dieta deben tener garantizada su salubridad e inocuidad. Todos los alimentos, son perecederos, y son susceptibles de deteriorarse. Por ello se deben tomar todas las medidas adecuadas para evitar su alteración, y estas deben incluir desde el inicio de su producción, la cadena alimentaria, hasta el momento de su consumo.
Todo lo anterior no basta, si la dieta no es personalizada. Es decir, su elaboración se tiene que adecuar a los gustos del individuo, respetar sus hábitos alimentarios, lógicamente, siempre y cuando éstos sean adecuados. La dieta debe ser lo suficientemente flexible, para acomodar los gustos de cada persona con los requerimientos nutricionales.
Y casi un criterio ligado al anterior es la palatabilidad. Los seres humanos no sólo comen por una necesidad biológica o de una manera consciente para satisfacer sus necesidades nutricionales, el ser humano también come por placer.
No sólo debe de ser sana y nutritiva sino también apetitosa. Estos últimos aspectos son importantes, pues si una dieta no incluye los alimentos que estamos acostumbrados a comer, o no produce placer, no se consumirá, por muy bien programada que esté desde el punto de vista nutricional.

Por último, la dieta también debe ser  funcional. Debe contener de forma abundante alimentos con características funcionales, como por verduras, hortalizas, frutas, cereales o leguminosas.
El concepto de  “alimento funcional” incluye a todos aquellos alimentos o componentes alimentarios con propiedades que van más allá de las meramente relacionadas con los nutrientes que contienen, y además poseen propiedades beneficiosas para la salud y/o relacionadas con la prevención o el tratamiento de la enfermedad.

Estas características son debidas a compuestos biológicamente activos (nutrientes y no nutrientes)  que están relacionadas con el control del metabolismo y con las funciones de los sistemas que conforman el organismo. Hay que destacar en este sentido aquellos componentes que afectan a los sistemas inmunitario, endocrino, nervioso, cardiovascular y digestivo.

Surge así el concepto “dieta prudente”, como aquella que, además de cumplir con todos los criterios  citados anteriormente, contribuye a prevenir enfermedades crónicas, disminuir la morbimortalidad en general, favorece el estado de salud, y proporciona una mayor calidad de vida
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